Históricamente, la industria inmobiliaria en México ha sido un sector de estructuras sólidas, pero de techos de cristal persistentes. Mientras que el diseño, la comercialización y la gestión operativa cuentan con una presencia femenina vibrante, la cúpula de la toma de decisiones estratégicas, el desarrollo de capitales y la alta dirección en la construcción siguen siendo terrenos predominantemente masculinos.